Silencio.
Nada en el reflejo de ayer.
Algún pájaro revolotea en el tejado,
husmeando entre raíces roídas,
buscando en un gusano
la luz de su estómago.
Se cuela por el patio un rayo de sol,
eterna energía de mi sosiego,
que rompe la sombra en mil pedazos.
Silencio.
Cruel verdugo de mis tardes de risas.