
Tarde de domingo. La lluvia amenazaba y el viento, atemorizado, se sentó en este banco. Lo vi llegar con su traje de hojas secas. Este sería su último paseo. Después, colgaría sus vestiduras hasta el próximo otoño, y aquí, pálido, esperaría sentado hasta la próxima hojarasca.
1 comentario:
...y un manto de estrellas lo cubrió de madrugada. Y los pequeños pájaros del olvido astillaron su corazón: después plagaron los alrededores de nidos (diminutas cuevas de lágrimas) donde incubaron otros sueños...
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