lunes, 1 de diciembre de 2008

Más razón que un santo...

"No sé cuándo empezamos a ser adultos, a dejar de ser hijos. No tiene que ver con formar tu propia familia. Puedes tener tres niños y depender aún de tu madre para que te haga las croquetas y te arregle el largo del pantalón. O permanecer soltero y ser una persona autosuficiente. Creo que dejamos de ser hijos en el exacto momento en que el orden se invierte y empezamos a cuidar a nuestros padres. A decidir por ellos, a organizarles sus médicos, a controlar sus papeles, sus pastillas y sus olvidos. A sacarlos de paseo, a hacer su compra, exactamente igual que ellos hicieron por nosotros, solo que sin posibilidad de cambio. No es un proceso brusco, no pasa de un día para otro, aunque se puede dar el caso. Lo normal es ir dejando de ser cuidado paulatinamente hasta que llega un día en que te descubres como responsable de quienes ya no tienen fuerzas para cuidarte. En otras culturas, se vive como algo hermoso, un honor necesario para que la vida siga. Se venera al anciano como símbolo de sabiduría y experiencia, pero nuestra cultura no nos ha enseñado a cuidar, solo a ser mimados, de ahí que cuando tenemos que hacerlo, parezca una imposición más que una tarea noble y deseada. Dejar de ser hijos se convierte en un enfurruñamiento perpetuo contra el mundo, un síndrome de Peter Pan llevado a su extremo. Dónde está la madre servicial y el padre eficiente, nos preguntamos como niños perdidos. Menos mal que finalmente nos volvemos adultos, sin notarlo. Porque crecer no es solo ir hacia delante, sino mirar atrás, aceptar un deber como una bendición dichosa, regalo del tiempo, la oportunidad única de devolver lo recibido".

...El problema viene cuando los padres, sabios y expertos, se niegan a dejarse querer y el mimo lo deja para los nietos.

domingo, 30 de noviembre de 2008

GREGUERÍAS (OF MINE)




De todos es sabido que el humor y la literatura pueden sumarse en un sólo enunciado. Mi querido Ramón Gómez de la Serna fue el gran maestro de este tipo de vanguardia, creando lo que algunos bautizaron como "Ramonismo", un nuevo "ismo" de principios del siglo XX.
Cada año, cuando mis chicos conocen este arte en palabras, disfrutan con ellas, llegando incluso a crear algunas muy curiosas. Cada año, por esa época, todo lo que me rodea me trae a la mente asociaciones de este tipo, imágenes propias del ramonismo.



He aquí algunas de ellas:



"La serpiente en el asfalto es el bolso de piel de la carretera".






"En las noches de plenilunio, la Luna dirige el concierto de besos"







jueves, 27 de noviembre de 2008

DEUDA

Soy un (a) moroso: me deben horas de amor...

viernes, 21 de noviembre de 2008

jueves, 20 de noviembre de 2008

Amanece.









Se despertó temprano, aunque apenas había podido robarle al insomnio unos pocos minutos en toda la noche. Se había ido agotando entre el sudor y el frío hasta que, ya sin fuerzas, sus ojos casi inertes se cerraron.
Todavía no había salido el Sol y la Luna llena, que se negaba a abandonar la plenitud de las alturas, mantenía su fuerza iluminaria en el infinito.

Aquella noche había sido larga, muy larga, para Luisa. Los dolores de las contracciones no habían cesado desde que estiró sus piernas hacia el sur de la habitación, vacía esta vez de aquellos besos de entonces, inundada sólo por el doloroso eco de sus gemidos en cada latigazo...Ya no sabía si las lágrimas las traía el dolor del preparto o el de la soledad.

Su hijo estaba ya oliendo el mundo, atisbando por primera vez la claridad de la vida que le esperaba, la albura que ya le cegaba sin haber abierto aún los ojitos. Por momentos, hubiera querido empujarlo hacia dentro, donde nada pudiera hacerle daño; mantenerlo ahí para siempre, escuchando sólo las palabras de amor que ella le enviaba a través del cordón umbilical, esas que no podía decirle a su padre desde que se lo tragó la mina. Lo hacía cada noche antes de dormir, mientras le acariciaba el alma y le contaba la misma historia terminable.

Pero las ansias de protegerlo fueron vanas, no pudo luchar contra la muerte ni ahora podía hacerlo contra la vida... Ya era demasiado tarde.

El sol no salía, no asomaba la ansiada luz... Su hijo iba a nacer entre negrura, la misma que se llevó a su padre entre el carbón y el hollín. Había llegado la hora. Aquella mujer, exhausta ya de dolor, dio a sombra. Y a su hijo lo llamó (O)Paco.